Los primeros días de un gato en casa: qué preparar y cómo ayudarle

¿Acabas de traer un gato a casa y no sale de debajo de la cama? Es lo normal. Para un gato, una casa nueva es un territorio desconocido, y lo que mejor le ayuda es empezar en una sola habitación tranquila con todo lo que necesita, y dejar que salga a explorar cuando esté listo. Muchos tardan de uno a tres días en mostrarse, y algunos adultos tímidos, un par de semanas.

Aquí tienes qué preparar antes de que llegue y cómo acompañarle la primera semana.

Antes y después de que llegue

Lo que debes tener preparado

Compra lo básico antes del primer día, para no tener que salir corriendo con el gato ya en casa:

Transportín rígido, que se abra por arriba si es posible
Arenero (uno por gato y uno más) y arena sin perfume
La misma comida que tomaba hasta ahora
Comedero y bebedero, separados entre sí
Rascador alto y estable
Una cama o manta, y una caja de cartón para esconderse
Un par de juguetes: una caña con plumas y una pelota

Pregunta en el refugio o a quien te lo entregue qué come, qué arena usa y si tiene vacunas o desparasitación. Mantener lo conocido reduce el estrés de los primeros días.

Revisa la casa con ojos de gato

Los gatos saltan y se cuelan por todas partes. Pon redes o mosquiteras resistentes en ventanas y balcones: las caídas desde altura son una causa frecuente de urgencias, incluso en gatos que nunca habían intentado saltar.

Retira los lirios y otras plantas tóxicas, guarda medicamentos, productos de limpieza, hilos y gomas elásticas, y recoge los cables de la zona donde va a estar. Cierra la lavadora y la secadora: a muchos gatos les encanta meterse dentro.

La habitación base

Elige un cuarto pequeño y tranquilo, lejos de la puerta de la calle y del ruido. Coloca el arenero en un extremo y la comida y el agua en el otro, porque a los gatos no les gusta comer cerca de donde hacen sus necesidades.

Añade escondites: una caja de cartón de lado, una manta sobre una silla o el propio transportín abierto. Un gato que puede esconderse se siente seguro antes y sale antes.

El primer día: deja que salga él

Lleva el transportín a la habitación base, ábrelo, siéntate en el suelo y espera. No lo saques a la fuerza ni lo persigas por la casa. Si no sale, déjalo tranquilo y vuelve más tarde.

Habla bajo, muévete despacio y deja que se acerque a olerte. Si te da un golpe de cabeza o se frota contigo, te está aceptando. Evita las visitas de amigos y los grupos de gente durante los primeros días.

Comer, beber y usar el arenero

Es normal que el primer día coma poco. Lo que no es normal es que pase más de 24 horas sin comer: en los gatos, el ayuno prolongado puede dañar el hígado. Si ocurre, llama al veterinario y lee mi gato no come.

Comprueba que orina y hace caca en el arenero en las primeras 24 a 48 horas. Un gato que entra al arenero muchas veces sin hacer nada, sobre todo si es macho, necesita veterinario ese mismo día.

Ampliar el territorio poco a poco

Cuando ya coma, use el arenero y se acerque a ti con confianza, abre la puerta de la habitación y deja que explore el resto de la casa a su ritmo. Mantén la habitación base disponible como refugio durante un tiempo.

Si en casa hay un perro u otro gato, no los juntes todavía. La presentación necesita sus propias etapas, como explicamos en cómo presentar un perro y un gato.

Juego y rascador desde el primer día

El juego es la mejor forma de ganarte su confianza. Una caña con plumas permite jugar sin que tu mano sea la presa. Dos o tres sesiones cortas al día, terminando con un premio o con comida, imitan su ciclo natural de cazar y comer.

Coloca el rascador en la habitación base desde el principio. Si aprende ahí dónde se araña, te ahorrarás problemas con el sofá. Tienes más ideas en mi gato araña los muebles.

Una rutina fija le da seguridad

Los gatos se tranquilizan cuando saben qué va a pasar. Dale de comer a las mismas horas, limpia el arenero cada día a una hora parecida y reserva un rato fijo para jugar. En pocos días empezará a esperarte en esos momentos.

Durante las primeras semanas, evita cambiar muebles de sitio, hacer obras o traer más animales. Cada novedad que se suma a la mudanza alarga el periodo de adaptación. Si notas que vuelve a esconderse después de un cambio, retrocede un paso y dale de nuevo acceso a su habitación base.

Niños y gatos nuevos

Explica a los niños antes de que llegue que el gato necesita tranquilidad, que no se le levanta en brazos si no quiere y que no se le despierta. Mejor que se sienten en el suelo y dejen que sea el gato el que se acerque.

Las primeras interacciones, siempre con un adulto delante. Un gato que se siente acorralado puede arañar, y eso estropea la relación desde el principio.

La primera visita al veterinario

Pide cita en la primera o segunda semana, aunque parezca sano. El veterinario lo revisará, planificará las vacunas y la desparasitación, comprobará si tiene microchip y te dirá cuándo conviene esterilizarlo. En gatos de origen desconocido suele recomendarse una prueba de leucemia e inmunodeficiencia felinas.

Tienes el calendario habitual en vacunas del gato. Lleva todos los papeles que te hayan dado al adoptarlo.

Dudas frecuentes

¿Cuánto tiempo puede estar escondido?

Uno a tres días es lo habitual; algunos gatos adultos muy tímidos tardan más. Mientras coma, beba y use el arenero, ten paciencia. Si no come o no sale en absoluto pasados unos días, consulta con el veterinario.

¿Puedo dejarlo salir a la calle?

Durante las primeras semanas, no: un gato que todavía no reconoce su casa puede perderse. Y a largo plazo, un gato que vive dentro está expuesto a muchos menos atropellos, peleas y enfermedades.

¿Cambio su comida enseguida?

Espera a que esté adaptado y haz el cambio poco a poco, en una semana. Un cambio brusco, sumado al estrés de la mudanza, es una receta para la diarrea.

De dónde salen los datos

  • International Cat Care: preparar la casa y la habitación base para un gato nuevo.
  • American Association of Feline Practitioners: necesidades ambientales del gato y número de areneros.
  • Cornell Feline Health Center: lipidosis hepática, caídas desde altura y pruebas de leucemia e inmunodeficiencia felinas.